domingo, 15 de julio de 2012

Herbert James Draper

Herbert James Draper (1863-1920) fue un pintor inglés de la era victoriana. Estudió arte en la Real Academia de Londres y se comprometió en varios viajes educativos a Roma y a París entre 1888 y 1892. En 1890 incluso trabajó de ilustrador. En 1891 se casó con Ida con la cual tuvo una hija. En 1894 comenzó su periodo más productivo, principalmente se enfocó en temas mitológicos de la antigua Grecia.

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http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/74/Herbert_James_Draper%2C_The_Foam_Sprite.jpg http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/62/Herbet_James_Draper%2C_Study_for_the_foam_sprite.jpg

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UHQ: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a5/Draper-Ulysses_and_Sirens.jpg

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UHQ: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f5/Draper_Herbert_James_Mourning_for_Icarus.jpg

Afrodita Anadiómena, nacida de los genitales de Urano cortados por Cronos con la hoz adamantina y arrojados, con él, al mar. Friné, la divina hetaira que saliera indemne en el juicio por impiedad, instado por un celoso amante desairado, al exhibir su esplendorosa desnudez ante los atónitos ojos de sus jueces; la misma que había impactado los ojos del divino Apeles mientras salía del mar de uno de sus baños rituales en honor a Poseidón durante los Misterios Eleusinos. El Eterno Femenino, insondable, inmenso y peligroso como las profundidades oceánicas; prístino, surgente, imprescindible, y, no obstante, insaciable... Mézclense estos avatares, dense a la inspiración pictórica de una época --la victoriana-- poco proclive a promover la voluptuosidad pública pero que la cultivó profusamente en privado (siempre es así: las públicas virtudes fomentan los vicios privados --aunque, à mon avis, y en rigor, los sutantivos deberían mudarse de lugar, intercambiar el valor que real y verdaderamente tienen), y se tendrá una obra como la del pintor británico que aquí presento: Herbert James Draper (1863-1920). Heredero de varias corrientes, producto del mestizaje y la simbiosis entre el dibujo académico, el clasicismo, un uso del color a veces post-impresionista, una técnica en ocasiones puntillista, una temática mitológica y alegórica, un tratamiento realista (si bien, idealizado) en los paisajes y las figuras, una portentosa expresión en las actitudes y los gestos no exenta de originalidad en la recreación escenográfica...

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UHQ: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/96/Herbert_James_Draper%2C_Ariadne.jpg

Todo esto es Draper, y como se verá en sus telas, debiera haber sido lo suficiente como para no haber perdido crédito durante mucho tiempo; y no obstante, lo perdió. La sensibilidad de los pueblos, a veces, se comporta de una forma inexplicable y caprichosa. Tras gozar del éxito durante veinticinco años (desde 1894 hasta casi su muerte) al fin su fama y prestigio se diluyó, y fue olvidado.
No es sino hasta finales del siglo XX (cuando en 1989 dos de sus obras fueron incluidas en la Exposición sobre Los Últimos Románticos, en la Gallería Barbican, de Londres) y, sobre todo, a partir del comienzo del siglo XXI (con ocasión de la celebración del centenario de la muerte de la Reina Victoria) cuando la Tate Gallery incluye tres de sus obras más representativas en su exposición sobre el desnudo victoriano:  Ulises y las Sirenas, El Lamento de Ícaro y Las Puertas de la Aurora, que resurge el interés por esta personal y estimable obra.
Es sobre todo este matiz, este hilo conductor, casi obsesión de reiterado --pero que yo atribuyo más a la singular intuición del artista sobre el Eterno Femenino-- por el que hace brotar de las aguas tanto lo bueno como lo malo que en el bello sexo hay, del elemento que hace posible la vida, y a la mujer como sublimación de ella; este matiz, digo, es el que le da personalidad significativa. Su técnica, facilidad para el dibujo, imaginación y sensibilidad en el detalle (la que respira, transpira e inspira en los escenarios recreados, en las figuras representadas y en los bellos y gráciles cuerpos femeninos) serán los que den el rasgo distintivo al cuerpo formal de su obra (un cuerpo bello y elegante que lo entronca tanto con un Fredric Leighton como con los pre-rafaelitas Waterhouse o Millais).

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El carácter y tratamiento de la mujer como femme fatale quizá beba de su propia experiencia. Nada se conoce al respecto; poco, de su vida personal. Es posible que ahí se encuentre el secreto de este impulso que recorrerá sus obras con la fuerza y la determinación de un desasosiego interior. Es posible que el eros del artista aflore en sus obras con toda la plasticidad que lo hace por el impulso irrefrenable de dar rienda suelta a un deseo insatisfecho (siempre lo es en el ser que crea, pues la creación es un mecanismo de búsqueda que nunca se sacia, al ser infinito su objeto). Es posible que su visión de la belleza, de la escena en que la mujer es protagonista --incluso cuando en el tema, leivmotiv, no lo sea--, provenga de una carencia existencial, pero también de una plétora. Los extremos se tocan, lo sabemos, y tanto impulsa el hambre como el apetito, tanto, la vulgar necesidad sensorial como la sofisticada sensualidad.

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El caso es que con Draper el bello cuerpo de la mujer (portador de una voluptuosidad grácil, a veces delicada) se hace omnipresente aun en el gesto más cotidiano, tornándose seductor y fatalmente atrayente en las más diversas actitudes cargadas de sentido: en los instantes detenidos en que recién sale del agua tras los peces voladores o cabalgando risueña un delfín o requiriendo a un Ulises atónito, abriendo orgullosa y arrebatadora las doradas puertas de la aurora, lamentando la caída de quien envanecido desafiara la prudencia aconsejada, descubriendo una imposible y entrañable perla antropomorfa, eligiendo como displicente Afrodita las que le son ofrecidas, acudiendo como deidad o ninfa a la convocatoria de un taumaturgo Próspero; ya cruel y enamorada Medea capaz de sacrificar al hermano por salvar al amante, ya seductora y serpentina Lamia, ya abandonada Ariadna; como difuso espíritu de las fuentes, o como cantarina náyade flotando sobre las algas y los lotos, o como kelpie celta --each uisge-- reposando su belleza equina transmutada en hermosa apariencia antropomorfa sobre las rocas; nacarada Calypso luminosamente mediterránea, o asustada Doncella del Mar en las redes de los pescadores... En todos los casos, cautivadora; en todos, sujeto de ensoñación; en todos tan sugestiva que las curvas perfectas de su anatomía y los rasgos expresivos de su gestualidad nos penetran con el poder de una realidad que sentimos más real, por deseable y adecuada a nuestro íntimo sentir, que aquella a la que estamos sometidos

ENLACES/FUENTES:
http://commons.wikimedia.org/wiki/Herbert_James_Draper
http://consentidoscomunes.blogspot.com.ar/2012/05/herbert-james-draper-la-sensualidad.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_James_Draper
http://mazmorramaldita.blogspot.com.ar/2011/02/herbert-james-draper.html

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