Stéphane Lallemand es un fotógrafo francés que ha logrado maravillas. Entre ellas se puede apreciar una
serie de fotos donde recrea las pinturas de
Jean Auguste Dominique Ingres,
entre ellas un par donde la modelo evidentemente se aleja de los
parámetros de belleza del siglo XVIII, pues aparece repleta de tatuajes.
Al igual que el trabajo artístico de
Brian Cummings,
quien intentaba emular la estética del barroco con un toque del siglo
XXI, el caso de Stéphane se va un poco más allá, pues no solo
emula la iluminación y texturas, sino que además recrea a las pinturas
casi a la perfección.
Ingres, Durero, Poussin, Manet, Courbet y Boucher son algunos de los
pintores en cuya obra Lallemand se inspira para componer las fotografías
de la serie, y la idea no es nueva, porque ya en la segunda mitad del
siglo XIX, a poco del nacimiento de la fotografía, muchos fotógrafos (y
muchos de ellos pintores de profesión) se propusieron trasladar al nuevo
medio los temas y el rigor plástico de la pintura. A esto se le llamó
corriente pictorialista, pero existía entonces, y también hoy, un abismo
esencial entre la pintura y la fotografía, y Lallemand lo sabe bien.
Hay que reparar por tanto en la dificultad que entraña lograr que una
lente fotográfica capte una imagen que de algún modo sea similar a una
obra pictórica. Es preciso un control absoluto del punto de vista, la
luz, y los elementos que componen la escenografía de la imagen. El
extremo cuidado que Lallemand pone en esto, y que dan como resultado
unas fotografías exquisitas, lleva aparejado en su caso algunos
descuidos muy conscientes que impiden al fotógrafo lograr una recreación
completa. Caer en el mimetismo absoluto sería un error, y anularía el
sentido de estas imágenes en las que un auténtico y rendido homenaje a
ciertos maestros de la pintura convive con una despreocupada ironía, con
un distanciamiento como de broma privada, de juego, de boceto sin más
pretensiones que una puesta a punto del ejercicio de la visión: la
confrontación de dos medios de expresión radicalmente diferentes.
No es casual que Lallemand haya escogido como objeto de recreación un
famoso grabado de Durero contenido en la segunda edición de su
Underweysung der Messung
(Nuremberg, 1538), obra capital acerca de los rudimentos científicos
que todo artista de su tiempo debía manejar. La estampa original y la
versión fotográfica de Lallemand (cuyo título alude a un polémico
lienzo
de Courbet) codifican dos constantes de la historia del arte
occidental: en el plano más evidente la noción científica de la
perspectiva (principio fundamental de la estética moderna occidental,
pero también punto de partida en la utilización de dispositivos
tecnológicos que intermedian en la captación de lo visible); en un
segundo plano la noción del artista como voyeur, pero no solo en su
acepción sexual, sino también como observador meticuloso de la realidad
en general. Algo similar ocurre con las obras de Ingres que Lallemand ha
reconstruido: es sabido que el maestro del desnudo academicista francés
llevó la lógica de su pintura hasta el límite de lo anatómicamente
posible, y mucho se ha discutido (gratuitamente, por cierto) acerca de
las vértebras virtualmente añadidas a
La baigneuse de Valpinçon y a
La grand odalisque.
Acometer y resolver fotográficamente la cuestión -la cuestión plástica,
no la anatómica, que carece de interés- con la brillantez con que lo
hace Lallemand es el punto álgido de la cuestión que abordan estas
fotografías.
Por ejemplo, como vemos en la imagen de arriba, recrea la famosa pintura de
La Odalisca,
una pintura muy polémica y renombrada, pues la crítica de la época
decía que no respetaba la proporcionalidad humana, diciendo que su
espalda era mucho más larga de lo que debería ser una espalda "normal",
es decir, que su columna tenía más vértebras que las esperadas.
Aferrándose a esto, el fotógrafo decidió recrear la pintura con una
modelo que tuviera un tatuaje que hiciera alusión a este hecho. Y
encontró una modelo con un tatuaje realmente genial.
En los últimos años, se puede observar que hay una gran corriente de
fotógrafos que “arman” sus escenas imitando las composiciones de cuadros
famosos de la historia del arte.
Entonces nos topamos aquí y allá, con más o menos fortuna, con citas de
“últimas cenas”, “lecciones de anatomía”, “rondas nocturnas” y “meninas”
entre otras pinturas célebres.
En esta corriente, que yo no la llamaría pictorialista, sino
pictorisista o tal vez pinturisista, se encuentra al fotógrafo francés
Stéphane Lallemand (1958).
Lallemand ha desarrollado una serie fotográfica titulada
Alte Pinakothek,
donde el punto principal está puesto en el erotismo de las imágenes.
Ingres, Durero, Poussin, Manet, Courbet y Boucher son algunos de los
pintores en cuya obra Lallemand se inspira para componer las fotografías
de la serie.
Las fotos son impecables y realmente agradables de mirar. Lallemand, a modo de introducción, justificación y consejo, en la apertura de su catálogo nos advierte:
Un estudio, realizado por un equipo de investigadores americanos, podría demostrar que un entrenamiento diario consistente en la observación prolongada de los encantos femeninos, preserva a los hombres de las enfermedades cardiovasculares. Pero me parece que los resultados de este estudio son conocidos, de manera empírica, desde la más lejana Antigüedad por la mayor parte de los artistas. Yo, que me aproximo ya a la cincuentena, he decidido prevenir los riesgos coronarios mediante una práctica asidua del arte, un “recalentamiento” del nervio óptico, aún a riesgo de caer exhausto, a través de un tema tan viejo como el mundo… Stéphane Lallemand
ENLACES/FUENTES:
http://scoptophilia.blogspot.com.ar/2011/10/stephane-lallemand-odalisques.html
http://maquinariadelanube.wordpress.com/2009/03/15/el-juego-de-lallemand/
http://weblogs.clarin.com/revistaenie-testigoocular/2012/02/21/
http://www.cuerpoyarte.com/2009-12-21/14111/el-arte-de-stephane-lallemand
http://www.stephanelallemand.net/Photos_recentes/photos01.html