sábado, 18 de agosto de 2012

Arte contemporáneo y erotismo

Primera parte. La pornografía
Natalia Lach Lachowicz, Consumer Art, 1975
El arte contemporáneo debe continuamente enfrentar el desafío de conservar sus distinciones con respecto a las imágenes mediáticas. Esta aseveración es de por sí discutible, ya que no les falta razón a quienes afirman que el arte es, en sí mismo, un producto mediático. La antigua oposición entre arte y cultura de masas, o industria cultural -como la llamaba Adorno- parece cada vez más inoperante. A estas altura, las distinciones entre las imágenes mediáticas y las creaciones artísticas son difíciles de precisar, al menos si uno permanece apegado a las superficies visuales, en un plano meramente formal o estructural. Pensar que el arte actual es novedoso, en contraste con la industria cultural -que supuestamente repite fórmulas que han demostrado ser exitosas- es una simplificación. Gran parte de las creaciones de las úlltimas cuatro décadas se basan repeticiones, cuando no en apropiaciones y parodias de obras del pasado, y el gesto mismo de la cita o la referencia es un procedimiento más  o menos exitoso y consolidado.
Cesar, Compression.

El arte sigue conservando sus diferencias en otro ámbito por completo distinto: el de su inserción dentro de un circuito, hiperprotegido y en muchos aspectos artificialmente hermético, donde es legitimado y reconocido como arte. Es decir, las obras  participan de un sistema donde las imágenes adquieren funciones distintas a las que poseen en la industria del entretenimiento, la publicidad y el consumo. Esto es algo bastante conocido. Sabemos, por ejemplo, que uno de los automóviles comprimidos del artista francés Cesar se distingue de las chatarras que pueden encontrarse en un basurero sobre todo por la autoridad del creador y por su legitimación dentro del espacio institucional del arte. 

Sin embargo, este circuito a su vez forma parte de la cultura mediática. Hace ya  medio siglo, el crítico de arte norteamericano Harold Rosenberg afirmaba, en El arte y sus dobles, que las revistas, el museo y las galerías eran parte de los mass-media. Algunas muestras de grandes instituciones han enfatizado este contagio del museo con la industria del entretenimiento y la publicidad. Pensemos en las exposiciones que dedicó el Guggenheim Museum a las motocicletas y a la colección Armani , o la que el Metropolitan Museum of Art dedicó a Jackie Kennedy, en el 2001. Desde hace mucho tiempo una exposición de Matisse o de Picasso son acontecimientos mediáticos, de un éxito innegable, al igual que muchas de las manifestaciones de arte público, como las obras de Christo,o los performances de Marina Abramovic, que en otro momento aspiraban a integrar el arte a la vida. El arte, como lo han demostrado artistas como Warhol, Basquiat, Hirst, Tracey Emin y Jeff Koons, tiene también sus versiones ‘artísticas’ de Paris Hilton, Madonna y Lindsay Lohan.

La diferencia del arte consiste en que participa de la cultura mediática contemporánea afirmándose a sí mismo como algo distinto a las imágenes divulgadas por la industria del entretenimiento. Su singularidad no reside tanto en atribuirse sentidos más complejos, más plurales y abiertos; como en establecer un diálogo con respecto al arte del pasado y al del presente. Las imágenes artísticas también se presentan como obras que poseen un carácter irrepetible, efímero o de una reducida reproductividad. (que les permite conservar su valor como mercancía). Algunos artistas, como Seth Price, han jugado con la posibilidad de destruir este carácter limitado; pero lo hacen a sabiendas de producir un experimento en sí mismo exclusivo y novedoso, donde emerge la figura del autor como el encargado de poner la noción de ‘aura’ o de objeto único entre signos de interrogación.

Franz Von Bayros, Amantes elegantes, 1907


El erotismo y la sexualidad fueron tradicionalmente motivos asumidos por la obra de arte. A veces se trató de representaciones escandalosas –como las pinturas de Courbet y Manet-, a veces de obras prohibidas o que circularon clandestinamente, como las novelas de Sade y muchos de los libros con ilustraciones pornográficas entre los siglos XVI y XIX. Pero la imaginería erótica era, en gran medida, un dominio del arte y la literatura. Esto comenzó a cambiar con la aparición de la fotografía, que en sus inicios no fue considerada como arte, y con el desarrollo del mundo del espectáculo, en la segunda mitad del siglo XIX. En la actualidad el erotismo y la sexualidad pertenecen de lleno  al ámbito de la cultura de masas. Tanto es así que, como ha afirmado con frecuencia el pensador esloveno Slavoj Zizek, el imperativo moral del mundo contemporáneo es la exigencia de disfrutar. Si en el pasado la satisfacción del deseo sexual generaba complejos de culpa; en la actualidad lo que suele suscitar remordimientos es la impresión de no haber experimentado el suficiente placer. Si el psicoanálisis clásico hablaba de la sublimación como un proceso doloroso, donde el individuo domesticaba y refinaba las compulsiones sexuales, mientras producía elevados valores culturales y engendraba síntomas neuróticos; en los años sesenta el pensador francés Herbert Marcuse, encontraba pertinente acudir al término ‘desublimación represiva’.  Es decir, la incitación a disfrutar de una sexualidad, impuesta como un mecanismo de poder que, según creía Marcuse, enajenaría al proletariado de la crítica al capitalismo y la toma de consciencia de clase, obstruyendo la posibilidad de la revolución social en un momento en que, gracias a los avances sociales y tecnológicos, los obreros poseían un mayor tiempo libre y, por ende, una mayor capacidad para conocer los resortes opresivos del capital.

Ilustración del libro Juliete del Marqués de Sade, 1797

Si en el pasado el erotismo era un motivo propio de las representaciones artísticas, y poseía un carácter emancipador, cuando no libertino; en la actualidad las imágenes mediáticas producen una abrumadora cantidad de representaciones eróticas, que tienen según muchos autores (y no sólo de acuerdo con marxistas como Marcuse y Zizeck) un carácter represivo.No hay dudas que el erotismo en el arte contemporáneo ha cumplido la misma función de llamar la atención que tiene en el ámbito mediático. ¿Cómo, entonces, podría el arte proponer imágenes sexuales que se distingan de las que produce la publicidad, el cine comercial y la pornografía? ¿Qué podrían tener de liberadoras dichas imágenes?

Lynda Benglis, Anuncio para ArtForum, Nov. 1974
Una de las posibilidades consiste en llevar las imágenes sexuales de la cultura de masas al circuito del arte. Lo que se conmociona es precisamente el circuito de distribución del arte. Al mismo tiempo que se dejan entrever cuán difusos pueden ser los límites entre las imágenes mediáticas y la alta cultura. Un formidable ejemplo lo constituye la página publicitaria que la artista norteamericana Lynda Benglis creó para la revista ArtForum, en 1974. Benglis se mostraba desnuda, con su mano sujetando un inmenso consolador. Es curioso que mientras gran parte del arte contemporáneo aspira a escandalizar, las revistas de arte suelen ser bastante comedidas. Mediaciones que atenúan la provocación, y, al mismo tiempo, la propagan. Benglis y ArtForum se propusieron perturbar al mundo artístico al presentar una imagen marcadamente obscena. La artista se servía de la pornografía –tradicionalmente asociada a la mirada masculina-  para, como afirmara la propia autora, burlarse de ambos sexos.  

Un procedimiento similar emplea la menos conocida artista polaca Natalia Lach Lachowicz (nacida en 1937). En su serie de fotografías titulada Consumer Art -exhibidas por vez primera en la IX Bienal de París, en 1975- Lach-Lachowicz se autorretrata como un objeto sexual, que se somete a la mirada masculina, como una imagen para ser consumida, sin tal vez dejar de experimentar placer. Lach-Lachowicz no se identifica con los feminismos radicales y, por ende, no se representa a sí misma como una figura atormentada o pretendidamente obediente. Podría parecer sorprendente que su serie de fotografías fuese la representación del gobierno polaco para el evento parisino. 

Natalia Lach-Lachowicz, Post Consumer Art, 1975
El título de las obras, con la supuesta crítica al capitalismo,  habría podido ser un subterfugio para saltarse las censuras. O quizás se trataba de esas aperturas ocasionales que se permitieron los socialismos de Europa del Este.

El  pintor Vladimir Dubossarsky, uno de los exponentes del denominado arte Post-Comunista, aprovecha las imágenes pornográficas para incluirlas en formas y recursos retóricos del realismo socialista. En su lienzo Celebración de la cosecha (1995),el trabajo es sustituido por la bacanal. Dubossarsky, procura crear obras en las que explota los puntos en común entre el pop y el realismo socialista.
Vladimir Dubossarsky, Celebración de la cosecha, 1995
Una conocida figura que acudió a imágenes pornográficas para celebrar el placer sexual y trastocar el escenario artístico fue Jeff Koons. Cuesta trabajo separar entre el afán de alcanzar reconocimiento, el narcisismo y sus coqueteos con el mal gusto.
Jeff Koons, Hand on Breast (la mano en la teta) de la serie Made in Heaven, 1990
En un arte que suele llamarse arte Post-feminista, abiertamente en contra de las militancias más radicales, la representación de imágenes sexuales ha supuesto una vuelta al erotismo, caracterizado por el humor, la fantasía, las sutiles deformaciones, encaminadas a crear efectos grotescos, relacionados con una celebración del placer en lo que posee de autonomía y de crítica frente a los feminismos extremos. También son   esfuerzos por rescatar la pintura, por actualizarla con referencias a imágenes salidas del mundo porno o de la ilustración. Tal es el caso de los lienzos de la pintora norteamericana Lisa Yuskavage (nacida en 1961). En sus trabajos el erotismo tiene que ver con el ensueño, con la fantasía y hay elementos del comic y mezclados con un gusto intencionalmente cursi.
Lisa Yuskavage, Pintura.

Terminaré este primer segmento con un enlace a un texto anterior sobre el pintor John Currin, quien al igual que los artistas anteriormente mencionados, acude al lenguaje de la pornografía.  Para leer el texto sobre Currin, hacer clic aquí. 

Para leer la segunda parte de este texto ir a este enlace

ENLACES/FUENTES:
http://lapizynube.blogspot.com.ar/2012/05/arte-contemporaneo-y-erotismo.html

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